El temor al fracaso al publicar un libro

Supongamos que tengo un deseo: publicar un libro.

¿Qué me impide conseguirlo?

En realidad, nada. Solo mi temor a fracasar, mi incapacidad de aceptar, mis barreras para perseverar y mi resistencia a brillar:

Las aventuras no empiezan hasta que no entras en el bosque. Ese primer paso es un acto de fe.

Mickey Hart

Temor a fracasar

Hay veces que no queremos dar el paso al frente porque sabemos que ese paso será como el disparo de salida a una experiencia que agitará nuestras vidas de una manera u otra.

¿Qué nos da miedo?

  • Nos da miedo ver nuestros sueños cumplidos, como si al conseguirlos tocáramos techo y ya no nos quedaran motivos para seguir “viviendo”.
  • Y nos da miedo dejar de soñar porque mientras soñamos permanecemos dentro de una burbujita que nos protege de los batacazos.
  • Y nos da miedo dejar de soñar porque mientras soñamos permanecemos dentro de una burbujita que nos protege de los batacazos.

Tememos el fracaso como si se tratara del final definitivo.

Cuando sentimos que fracasamos, un solemne THE END aparece ante nosotras. Apagamos ese capítulo de nuestra vida como cuando apagamos la tele después de ver una película con un final amargo.

Le cerramos las puertas a nuestro deseo y de este modo creemos protegernos de otros fracasos.

Pero la amenaza de la que creemos protegernos se encuentra de puertas para dentro: se halla en nosotras y en la decisión de cerrarle la puerta a aquello que nos brinda la posibilidad de aprender.

Después de un fracaso, pensemos mejor en un continuará. Porque si somos capaces de extraerle todo el jugo, un fracaso se convierte en una experiencia de la que salimos renovadas: nuestra conciencia se expande, nos enriquecemos y nos fortalecemos.

Por ejemplo, si enviamos un manuscrito a una editorial y esta nos lo rechaza, es probable que sintamos el impacto del fracaso como una bofetada con la mano abierta.

Y puede que en nuestro interior se instale el ruidoso despertador de alguna creencia latente: no sirvo para esto, no vale la pena que siga escribiendo, no soy buena en esto, etc.

Pero resulta que, después de un tiempo y en un momento del todo inesperado, se nos abre una puerta hacia aquel deseo del que casi habíamos desconectado por completo: una editorial busca nuevos talentos y quieren leer el manuscrito.

Puede que entonces sepamos verlo como esa puerta que se abre cuando se nos había cerrado otra.

Pero también puede ser que nos encontremos en ese punto de visión distorsionada, en el que vemos las oportunidades como amenazas.

Si es así, colocaremos con gesto decidido el cartelito de The End.

Errar forma parte del aprendizaje. Y sin aprendizaje no hay crecimiento.

Incapacidad de aceptar


Pero ¿aceptar qué?

Aceptar que somos escritoras aprendices

Desde nuestra posición actual, de vez en cuando nos da por mirar hacia nuestra meta (ser escritora reconocida, publicar un libro, lo que sea) situada al final del camino y nos frustramos porque la vemos inalcanzable.

Pero la verdad es que si nos centramos en conseguir objetivos asequibles en dirección a nuestro deseo, nuestros logros nos harán avanzar hacia él a pasos agigantados.

Como dice Julia Cameron en su libro El Camino Del Escritor:

“Escribe. Si pones demasiada atención en publicar, puede que no escribas.”

La arrogancia se disfraza a veces de una actitud evasiva. Es exigente y nos hace creer que no necesitamos seguir aprendiendo.

Si cometemos faltas de ortografía, si no sabemos puntuar, si tenemos que mejorar nuestro estilo y nuestra narrativa, no lo veamos como algo negativo: aceptémoslo como parte del recorrido, pongamos cartas en el asunto y disfrutemos al ver que nuestra escritura mejora.

Pero, en lugar de eso, solemos elegir quejarnos y sentirnos como unas fracasadas.

Aceptarnos como las escritoras que somos

Deseamos escribir bien como si eso fuera algo externo y ajeno a nosotras.

Después de leer libros como estos, creo de verdad que escribir bien está a nuestro alcance. Porque tanto la parte creativa de la escritura como la parte técnica son elementos a los que podemos acceder.

En primer lugar, escribir bien es escribir como lo sientes, soltar a tu yo creativo.

Y en segundo lugar, es corregir y arreglar lo escrito.

Son dos fases distintas de un proceso. Lo que ocurre es que, mientras escribimos, no dejamos que nuestra escritora creativa se libere porque nos machacamos con el tengo que escribir bien por un lado, y con el tener que ser las escritoras que no somos por el otro.

Y, claro, nos bloqueamos.

No perseverar


Cuando persistimos en caminar hacia nuestro deseo, las puertas que conducen hacia él se abren.

Es como si con cada paso valiente que damos, se fueran colocando bajo nuestros pies las baldosas del camino que nos conduce a él.

Ocurre que ese camino no está exento de experiencias que ponen a prueba nuestra perseverancia. Es como si alguien nos tanteara y además pareciera que lo hace con dos objetivos:

  • Fortalecernos: para que, cuando llegue el momento de tomar nuestro deseo, podamos con él.
  • Asegurarnos: de que lo que deseamos, lo deseamos con todo nuestro corazón.

Desear con todo el corazón no es algo que ocurra siempre que deseamos algo. Desear con todo el corazón es desear sin condiciones y con todas las consecuencias.

Pero acostumbramos a desear a medias: con condiciones y sin ser consecuentes.

Normalmente deseamos algo con la condición de:

  • No tener que movernos mucho de donde estamos (o sea, no hacer nada por conseguirlo).
  • No fracasar.

Y en cuanto a lo de ser consecuentes, tampoco nos mostramos muy abiertas a las posibles consecuencias de ver cumplido nuestro sueño.

A veces sucede que, si tras una de esas pruebas inherentes al aprendizaje sentimos que fracasamos, la perseverancia se disipa y nuestra capacidad de ver oportunidades se atrofia (es cuando las vemos como amenazas o simplemente no las vemos).

Si Gabriel García Márquez hubiera puesto el The End tras el primer rechazo editorial, el mundo se habría perdido a alguien brillante: al parecer, tras presentar La hojarasca a una editorial, le dijeron que se dedicara a otra cosa que no fuera literatura.

No quiere decir que vayamos a ser las próximas premios Nobel de Literatura.

Pero, como dice Julia Cameron, si perseveramos y  no dejamos de escribir y de querer mejorar a pesar de las puertas que se nos cierran, alguien querrá leer lo que escribimos.

Resistencia a brillar


Nos cuesta ver que somos seres únicos e irrepetibles con una forma inigualable de ver el mundo.

Si no creemos en nosotras, no dispondremos de la fuerza necesaria para avanzar por el camino de la escritura. Desde el bloqueo creativo hasta la publicación de un libro, cada paso que damos como escritoras se desprende del concepto que tengamos de nosotras mismas.

Cada paso.

¿Andamos con paso firme? ¿O más bien con paso vacilante? ¿Vamos a toda prisa y obsesiondas hacia nuestra meta? ¿O nos detenemos cada dos por tres porque tememos pisar terreno desconocido?

Los pasos también nos hablan de cómo nos mostramos al mundo.

¿Escondemos nuestras habilidades porque está feo mostrarlas? ¿Tenemos que ser modestas y silenciar nuestros talentos porque exponerlos es de ser engreídas?

Permitir que nuestros puntos fuertes, sean cuales sean, se expandan y se expongan, es algo difícil para quienes, para empezar, no tenemos claro qué puntos fuertes tenemos.

Creo que, en parte, no brillamos porque no sabemos que nuestro brillo puede iluminar el camino de otras personas.

Por otro lado, si no dejamos que otras personas brillen, es porque no sabemos que su luz puede fortalecer la nuestra.

Dejemos de ser modestas y seamos honestas.

Empecemos a brillar y a dejar brillar.

Anexo


  • Tememos fracasar porque vivimos el fracaso como un final en lugar de verlo como una parte de nuestro recorrido como escritoras.
  • Debemos aceptarnos como las escritoras que somos y como las aprendices que somos para poder seguir creciendo.
  • La perseverancia es clave para alcanzar nuestros objetivos. Sin perseverancia simplemente no es posible.
  • Empecemos a brillar con luz propia, y dejemos brillar a lxs demás.

Y ahora tú


¿Cuándo no has hecho algo por miedo a fracasar?

¿Aceptas sin condiciones que eres escritora y que eres aprendiz?

Después de alguna situación difícil y sin buenos resultados ¿te levantas y continúas hacia tu objetivo?

¿Cómo va esa luz propia? ¿Dejas a otrxs que también brillen?

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